Pienso que no se enfadaría Dalmiro si tomo para esta entrada algunas de sus palabras. No es aventurarse mucho, sabiendo de su generosidad. Ustedes lo conocerán mejor con el nombre de José de Cadalso, intelectual de cepa hispánica, militar además de literato; y precursor europeo y español de un movimiento literario tan importante como lo fue el Romanticismo.

Decía nuestro escritor, por boca de uno de los personajes de su obra titulada Cartas Marruecas, que, aunque amaba con todo su ser a nuestro país, tenía por cosa del azar haber nacido precisamente en él.

En esta página de nombre tan declaradamente enamorado  de lo hispánico no podemos entender el patriotismo de otra manera a como lo entendían las mujeres y los hombres ilustrados del siglo XVIII; es decir, como un aspecto más del amor general a la humanidad y a los ideales de concordia, de libertad y de progreso que deben unir a todas las nacionalidades, naciones, aldeas y barrios del mundo en un solo ideal y bajo una sola bandera universal llamada DERECHOS HUMANOS.

Las banderas son telas de colores tejidas no por hilos sino por ideales. De ahí la importancia que tienen para las personas que las levantan y las lucen en sus balcones, en sus celebraciones, y en los momentos que se consideran históricos o solemnes. No son  “un mero trapo”, sino la representación de aquello por lo que estamos dispuestos a realizar sacrificios, de aquello que nos alegra ver llegar a lo más alto.

Pero a medida que cambian y evolucionan las sociedades, también cambian y evolucionan los ideales.  En los próximos días, tenemos pensado organizar una visita en grupo para conocer precisamente la Historia de la bandera española, según reza el cartel, desde los tiempos de los Reyes Católicos hasta los tiempos actuales.

Será una manera más de conocer mejor nuestra propia Historia para comprender mejor nuestro presente; o al menos, esa es la motivación que nos ha impulsado para organizarnos y apuntarnos a esta mueva visita cultural.

Creemos que detrás de toda creación material, ya sea un escudo de piedra, una bandera o una catedral, existe el espíritu que lo ha originado y que le da sentido. Aunque también valoramos, igual que nuestros admirados revolucionarios del siglo XVIII, el puro conocimiento erudito.  Así que iremos, lo veremos… ¡ y os lo contaremos!

¿Qué os parece?